Todos tenemos esa pequeña tarjeta con nuestro nombre, foto y varios datos personales, el DNI.  El mío, por ejemplo, dice que yo he nacido en la ciudad de Buenos Aires en la ‘provincia’ de Argentina.  ¿Motivo para un pequeño incidente diplomático? (más…)

Cuando los Príncipes de Asturias saludaron al nuevo Papa Francisco, la Princesa Letizia le preguntó, “¿Como está?”, pregunta que el papa ignoró para seguir hablando con Don Felipe.  Esto según fue informado en el telediario.  No niego que exista la posibilidad de que el Papa sea machista, que parecía ser el mensaje del comentario de la noticia, o que fuera una simple distracción.  Pero también puede ser una cuestión cultural.

En Argentina es habitual saludar “Hola, ¿qué tal?” o sus equivalentes, sin que realmente haya expectativa de una respuesta.  Es hasta gracioso ver la reacción de alguien a quien le cuentan cómo realmente está, dado que nunca hubo intención de recibir una respuesta.

A veces, cuando uno saluda “Hola, ¿como estás?” y el otro responde también “Hola, ¿qué tal?”, el primero dice “¡Yo pregunté primero!”, causando total desorientación en el segundo pues no registró la pregunta recibida ni la hecha.

Recuerdo en México, en uno de mis primeros viajes, cuando alguien me saludó “Hola, ¿qué pasó?”.  Yo me miré la ropa, a ver qué me podría haber pasado para suscitar esa pregunta.  Pensé si me habría cagado una paloma.  Resulta que al igual que nosotros preguntamos, sin ser conscientes de ello, “¿qué tal?”, en México preguntan “¿qué pasó?”.

Así pues, quizás Letizia puede que se haya encontrado con uno de esos incómodos momentos de desencuentro cultural, como cuando un español pone la otra mejilla para el segundo beso de saludo con un argentino que está acostumbrado a sólo uno.

Cuando una empresa no puede afrontar sus deudas, se declara en quiebra.  Una persona física, por el contrario, arrastra sus deudas hasta la tumba.  ¿Qué pasaría si una persona se pudiera declarar en quiebra?

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En un reciente capítulo del programa Salvados se mostraba la cantidad de comida que se desperdicia. El conductor recorría un campo donde se recogían mandarinas mostrando frutos que habían sido descartados por pequeños defectos, muchas veces puramente estéticos, pues los mercados no se la aceptarían.

Parece un derroche inaceptable habiendo tantas familias en situaciones de precariedad.

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Ahora que vemos las grandes urbanizaciones semi-desiertas que se construyeron por toda España y hablamos de la Crisis del Ladrillo, de pronto se me ocurre que esto de hacer obras descomunales viene de antiguo, más de lo que uno piensa.

Trajano emperador romano del 98 al 117, había nacido cerca de Sevilla y fue uno de los que más construyó, aunque pocas de sus construcciones fueron particularmente monumentales. Hizo grandes mejoras en la red viaria del imperio, especialmente las rutas que llegaban a los puertos tanto de Ostia como de Bríndisi, a uno y otro lado de la península, que también amplió y mejoró para facilitar el comercio.  Un nuevo acueducto de 57 kilómetros de largo fue el último de los varios que abastecían agua a Roma.  Mejoró y amplió las cloacas de Roma y reforzó las orillas del Tíber para resguardarse de las crecidas.  Esto en lo que se refiere a construcciones hechas en Roma pues, si nos vamos a Egipto, construyó un canal entre el Nilo y el Mar Rojo, un predecesor del actual Canal de Suez, y fue el primero en construir un puente sobre el Danubio, la obra que le permitió finalmente conquistar Dacia.

Aunque el fuerte de Trajano fueron las infraestructuras, también ha dejado construcciones monumentales, el Foro Trajano, un enorme centro comercial y las oficinas administrativas vecinas lucen sus paredes de ladrillo claramente visibles desde la Vía de los Foros Imperiales en Roma.  También hizo la ampliación definitiva del Circo Máximo.   El monumento más recordado es la Columna de Trajano, al lado de su Foro que está envuelta con una estela de bronce en la que está grabada en bajorrelieve la historia de su reinado y que lleva una enorme estatua del mismo Trajano en su parte superior.  Tan imponente es que Napoleón se mandó construir una similar, con sus victorias y su estatua, erigida en la Plaza Vendome en París.

Adriano, que lo sucedió hasta el año 138, también sevillano, nos dejó el Panteón, todavía en pié, lo que ahora es el Castillo  Sant’Angelo, que fue construido como su mausoleo y luego transformado en fuerte y el puente que cruza el Tíber para llegar al mismo. En la zona monumental del Foro están las ruinas del Templo de Venus y Roma y, aunque al otro extremo del mundo, vale la pena mencionar también la Muralla de Adriano, que separaba la colonia romana de Britania de lo que ahora es Escocia en el tramo más estrecho de la isla. Con sus casi 120km de largo con fuertes y torres a lo largo, sigue siendo, hoy en día, una imponente construcción.

De los emperadores posteriores no se puede decir mucho, los nombres de apenas unos pocos nos resultan familiares.  Trajano y Adriano fueron los últimos emperadores cuyos nombres podemos vagamente recordar haber oído en el instituto. Tampoco hay nada destacable en Roma que nos los recuerden.  O sea, el Imperio fue cuesta abajo de ahí en más. Roma necesitaba continuos ingresos de recursos del exterior para mantenerse, no podía subsistir sin continuas campañas de conquista que le proveyeran de tesoros y esclavos. La Dacia, en la actual Rumanía, fue la última de las conquistas, ya no quedaban otros reinos de importancia que expoliar que estuvieran relativamente cerca.  La muralla de Adriano es prueba de que los altos costes de sostener un ejército a esa distancia de Roma era ya tan prohibitiva que construir semejante muro era una alternativa razonable.

O sea, parece que los españoles, la dependencia del exterior y el exceso del ladrillo tienen una relación que ya lleva cerca de los dos milenios.

 

 

Yo soy la tercera generación de la familia que partió de Vigo en barco.   Mis cuatro abuelos, que no se conocían entre sí, partieron independientemente de Vigo como emigrantes entre el 1900 y 1915, más o menos.  Años después, estimo que en 1926/27 mis abuelos volvían a partir de Vigo con mi padre, entonces de 9/10 años, y mi tío Secundino recién nacido, el único de los tres hermanos nacido en España.  De esa visita a la familia en Galicia conservo una foto de esas color sepia con mis abuelos a un lado, la otra hermana casada con su marido al otro lado y las dos hermanas aún solteras, de pie tras las sillas donde se sentaban los padres de las cuatro hermanas, mis bisabuelos.   A los abuelos ya se los veía prósperos.  Tenían una tienda y, como era habitual, vivían al fondo de la misma. Cambiar la tienda y mudarse eran todo uno.   Ya habían vendido la tienda anterior y aprovecharon el intervalo para poder visitar a la familia.  Mi padre, entonces, con 9 ó 10 años fue la segunda generación que partió de Vigo, aunque en una circunstancia muy diferente de la de sus padres.

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En una época, el dinero tenía el valor intrínseco de la moneda acuñada. La moneda de oro valía por el oro que contenía. No existían las monedas nacionales. Muchas naciones acuñaban moneda, pero en todos lados circulaban las monedas de cualquier otro lugar del mundo porque las monedas valían por ellas mismas, no por el país que respaldaba su emisión. Un país que, por la razón que fuera, se hacía de una buena cantidad de oro, la acuñaba en monedas para hacerlo más intercambiable y lo usaba para comprar cosas a sus ciudadanos o a comerciantes de otros países. Un país que no tuviera oro pero pudiera, digamos, exportar trigo, cobraba ese trigo en monedas de oro. (más…)

Tal es el título de una obra de H.G.Wells, autor de historias tan conocidas como La Máquina del Tiempo, El Hombre Invisible o La Guerra de los Mundos.  En esta historia, por circunstancias que no vienen al caso, un hombre duerme 203 años para encontrarse, gracias a las buenas inversiones de sus albaceas, dueño y señor de medio mundo, un mundo que no entiende.   Curiosamente, Wells estaba bastante acertado en muchas predicciones aunque fallara en ciertos detalles.

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¿Cómo serán las ciudades cuando los coches se conduzcan solos, cuando sean ‘autos’ no sólo porque se muevan por su propia fuerza sino que también se guíen de forma autónoma?  ¿Cuándo serán realmente automóviles? (más…)

Días atrás vi un documental sobre la Teoría de Cuerdas (String Theory), la teoría que trata de proveer una base única para toda la física.  Actualmente tenemos dos grandes teorías, la Relatividad General de Einstein, que explica el funcionamiento de las cosas a gran escala, galaxias, soles, planetas e incluso nosotros.  Por el otro extremo, la Mecánica Cuántica explica cómo funcionan las cosas a las escalas más pequeñas, átomos, electrones, quarks y, de alguna manera, también nosotros.  Ambas teorías surgieron de la necesidad de explicar los fenómenos que ocurrían fuera de la escala habitual de nuestra experiencia.  Cuando nuestros telescopios nos permitieron ver más allá de lo que nuestros ojos alcanzaban se comenzaron a ver anomalías que la Mecánica Clásica de Newton no podía explicar.  Cuando pudimos comenzar a estudiar los átomos y su composición, mucho más allá de lo que los microscopios permiten, también se observaban anomalías.   Cada juego de anomalías es explicado por una u otra teoría, pero no podemos aplicar la Mecánica Cuántica a las galaxias ni la Relatividad General a los átomos.  La Gran Teoría Unificada, como en su momento se la llamaba aún se nos escapa aunque actualmente el mejor candidato parece ser la Teoría de Cuerdas. A mi no me lo parece (aunque difícilmente mi opinión le interese a alguien). (más…)

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