Todos tenemos esa pequeña tarjeta con nuestro nombre, foto y varios datos personales, el DNI.  El mío, por ejemplo, dice que yo he nacido en la ciudad de Buenos Aires en la ‘provincia’ de Argentina.  ¿Motivo para un pequeño incidente diplomático?

En muchos países esto no existe.  India, por ejemplo, está en este momento registrando a su población, proveyéndola de una tarjeta de identidad para, al menos y por primera vez, saber cuántos son.  Buena parte del costo de esta operación se pagará con el ahorro en el proceso de pago de subsidios que actualmente requiere demasiados intermediarios y ofrece demasiadas oportunidades de corrupción: muchos de los subsidios no llegan a sus destinatarios. Muchos de esos destinatarios no existen en realidad o nunca reciben su subsidio porque la distribución depende de funcionarios locales que son quienes identifican y certifican la entrega de los subsidios o, al menos, dicen hacerlo.  El plan es, con el tiempo, ir pasando los planes de subsidios en especie, lo que requiere múltiples cadenas de distribución de diversos elementos: comida, combustible para calefacción o cocina, leña para incinerar a los muertos (sí, en India existe un mercado negro de leña seca pues, la leña a precio oficial arde poco y está verde), por crédito disponible para la compra de esos mismos productos en cualquier comercio, con la sola presentación de su identificación.

En África, las redes de telefonía celular son mucho mas ubicuas que la Internet. Mucha gente ha aprendido a leer gracias a los mensajes de texto en sus móviles.  La red de telefonía móvil es más extensa que la de distribución eléctrica, razón por la cual, los móviles a la venta en África suelen tener baterías de mayor capacidad y la carga de móviles es un negocio de pequeña escala donde en una casa conectada a la red eléctrica, la dueña de casa le carga el móvil a los vecinos por unos céntimos y, si algún móvil suena, también lo atiende y avisa al dueño.

Un servicio llamado M-Pesa (M por ‘móvil’ y Pesa por ‘dinero” en Swahili) permite, en varios países africanos y ahora en parte de India, la transferencia de dinero mediante el móvil.  En algunos países las leyes locales requieren la presentación de un documento de identidad, en otros ya sea porque la ley no lo requiere o porque no existe tal documento, el mismo móvil es la identificación.

Estos son un par de ejemplos de lo que permite la identificación positiva de las personas.

En los EEUU, el documento de identidad no existe.  La gente se identifica con su licencia de conducir, que emite cada estado por lo que nadie puede realmente asegurar que una licencia de fuera de su propio estado es realmente auténtica.  Muchas tarjetas de crédito ofrecen poner la foto en la tarjeta para salvar esta falencia.  La única identificación cuasi universal es el número de la Seguridad Social, que emite una tarjeta de papel grueso sin plastificar, con el número y el nombre, sin foto, firma ni ningún otro dato biométrico.

Todo esto es un reflejo de una manía de ellos, la privacidad.  Y al mismo tiempo una fantasía, pues por uno u otro medio, casi todos los residentes están identificados, sólo algunos pocos locos viviendo en lo profundo del bosque o criminales pueden mantenerse en la oscuridad y si no, que le pregunten a Snowden. No puedes residir más de dos meses en cualquier lugar sin comenzar a recibir correo basura, correo del de verdad, de papel, repartido por un cartero, con tu nombre. ¿Cómo supieron que estaba allí?

Esta inútil sobre-valoración de la privacidad es muy contraproducente. Hay cantidad de aplicaciones informáticas que son imposibles de hacer porque no se puede identificar fehacientemente a las partes.  Los móviles y smart-phones de alguna manera proveen una identificación bastante aceptable, pero lejos de ser fehaciente. Esto limita el desarrollo de aplicaciones informáticas.  Ya hemos visto los titulares respecto de las sucesivas versiones de los contratos de uso de servicios tales como Facebook o Flickr debidas a cuestiones de privacidad.

El caso es que, sin dejar de reconocer la necesidad del respeto a la privacidad y el cuidado de la información personal de un individuo, en Europa, en general, disponemos de una identificación personal bastante segura, el DNI electrónico. Tampoco propongo que el gobierno sepa algo más de lo que ya sabe, por el contrario, lo que quiero es usar esa información a nuestro favor.  Sin embargo, dado que las grandes empresas informáticas están en los EEUU, casi nada de lo que hay por ahí en la web lo usa.  ¿Alguien ha visto un smart-phone con lector de DNI electrónico? ¿Cuántas personas tienen un lector de DNI electrónico USB para conectar a su ordenador?

¿Qué os parecería tener un correo electrónico con vuestro DNI, 12345678A@dni.es, validado con vuestro DNI electrónico, accesible mediante un sitio seguro, que le pudierais dar a vuestro banco, que de todas maneras ya conoce vuestro DNI, a los proveedores de servicios para que os envíe las facturas electrónicas o quienquiera que vos dispusierais?  Independientemente de que pudierais tener otro correo para otros usos menos formales.  ¿Qué os parecería si ese mismo dominio @dni.es -que está registrado por la Policía Nacional- pudiera ofrecer servicio de identificación a terceros, tal como en muchos sitios aparece el cartel “Login with Facebook”?  ¿Qué os parecería si se pudiera optar que un mensaje enviado desde ese dominio fuera válido como un Burofax?

Sigamos imaginando:  vuestra historia clínica, ya sea que os hayáis atendido por el servicio público de salud o en forma privada que esté en línea.   Google lo intentó con Google Health y Microsoft aún mantiene un servicio de ese tipo, pero todo el revuelo del sistema de salud en los EE.UU. debido a Obamacare terminó complicando el mercado y Google cerró su servicio en 2012.   Nuestra información está actualmente en línea, en múltiples sistemas cerrados de variadas entidades públicas o privadas pero inaccesibles para nosotros. Seguramente surgirían una buena cantidad de nuevas aplicaciones para que nosotros mismos pudiéramos visualizar nuestra salud de forma más comprensible. Pero hay mucha más información allí afuera que podría almacenarse en una suerte de ‘Google Drive’  o ‘DropBox’  en línea.

Seguramente estará en los planes de algún funcionario.  Donde no está es en los planes de ninguna de las grandes empresas informáticas, que son las que en definitiva tienen más capacidad de llevarlo a buen término.   Si Google, por decir alguna, ofreciera login con DNI electrónico eso abriría un interesante abanico de posibilidades.  Yo le confiaría más a que Google tuviera mis datos a que lo hiciera el Ministerio del Interior o quien correspondiera.

Google, ¿me escuchas?