Cuando uno mira las cosas a la distancia es frecuente idealizar. Esto vale tanto en espacio o en tiempo, de allí eso de ‘todo tiempo pasado fue mejor’. La India es uno de esos lugares en que, desde la distancia, se mezclan el espanto de su pobreza y suciedad y el encanto de su filosofía o religión. Cuando uno lo ve desde más cerca, ni es tan espantoso ni es tan encantador, es un lugar singular, pero está en este planeta.

Si bien parte del atractivo son sus grandes hombres, sus Maestros, Gurús y sus centros de meditación, la India no es un lugar donde la gente esté más cerca de sus dioses o sus líderes espirituales que en occidente. La pobreza no es cuestión de austeridad, es simplemente pobreza lisa y llana.

En ocasiones equivocamos forma y sustancia. Un clásico ejemplo es la postura del loto, esa en que uno suele imaginar los iluminados, sentados con sus piernas entrelazadas. Que Gautama el Buda se haya iluminado sentado en esa posición no implica que esa posición sea tan especial. Mucha gente se sienta en esa posición, cuando el suelo está limpio, porque están acostumbrados a ello, para ellos es algo habitual, como lo es también sentarse acuclillado, apoyado sobre la planta, no la punta de los pies, como defecando en el campo. Ciertamente que mucho se ha escrito sobre el Buda sacralizando hasta su más mínimo gesto o actitud, incluso su forma de estar sentado al iluminarse, y debe haber innumerables tratados sobre esto.

He visto esa costumbre mal trasladada a occidente: gente que practica técnicas de meditación forzando una postura que no les es natural. Sostener la postura es un gran esfuerzo cuando que en la India, les es natural; lo que debería ser una postura relajada se torna tortura. Como alternativa, hay quien se sienta respaldado en una pared. ¡Peor aún! Uno de los méritos de la postura: el estar con la columna erguida, se pierde al estar reclinado, los órganos internos se comprimen, la sangre no circula con facilidad. Sería mucho más efectivo si la gente se sentara en el borde de una silla o banco, con los isquiones bien apoyados y la columna derecha, sin respaldarse, y las manos relajadas sobre los muslos.

Los sahumerios es otra ejemplo de algo importado incorrectamente. Cualquiera que haya respirado el aire en la India sabrá que difícilmente se les puede tomar como ejemplo del cuidado del medio ambiente. Son muchos los occidentales que llevan mascarillas para evitar respirar el aire contaminado. A pesar de que las mascarillas sólo impiden el paso de las partículas sólidas, esto es, ceniza y polvo, y no otros elementos potencialmente más tóxicos, lo cierto es que la India tampoco es muy sofisticada en su contaminación. Mientras que en los países industrializados uno podría preocuparse por gases tóxicos o gérmenes sofisticados, el grueso de la contaminación en la India es el resultado de fogatas, ya sea para cocinar o para quemar la basura, o de la misma basura pudriéndose, pues en muchos lugares no hay recolección de residuos. En zonas industriales, la mayor parte de la contaminación proviene de la ineficiente quema de carbón en las calderas de vapor.

En este entorno, los sahumerios cumplen una función no despreciable, cubrir esos olores. Algunas maderas tienen también otra función, son ligeros desinfectantes. Los inciensarios que se usan en las iglesias, como el famoso Botafumeiro de la catedral de Santiago de Compostela, cumplían la misma función, de la época cuando los peregrinos se apiñaban en sus amplias naves, durante los días que durara su estadía, con sus pulgas, piojos y demás bichos. Efectivamente, el incienso es un buen desinfectante por la simple razón de que es ligeramente tóxico. Los humanos, siendo más grandes, necesitamos dosis mayores para perecer, los bichos se mueren con mucho menos. En aquellas épocas no era mala idea ‘perfumar’ a los pestíferos peregrinos con incienso, ahora acostumbramos bañarnos.

Volviendo a los sahumerios, en la India se usan en lugares abiertos o ventilados, el clima en la mayor parte de la India es adecuado para mantener las ventanas abiertas. Su intenso aroma no está pensado lugares cerrados. En occidente, hacemos mal usando los sahumerios en lugares cerrados, no están pensados para ello. Además, contaminan. A diferencia de los perfumes basados en alcohol, el aroma de los sahumerios se emite acompañado de mucha ceniza, que no es saludable, y cantidad de compuestos que, en general, desconocemos, el resultado de quemar vaya a saber qué pegamento o resina que usen para su fabricación.

En definitiva, más mal que bien.