Raramente la agricultura llega a las primeras páginas de los diarios. Es una actividad tan antigua que pareciera que ya no es noticia. La mayor parte de la población en los países industrializados vive en las ciudades y da por hecho el acceso a los productos de la agricultura … y no sabe el precio real que paga por ellos.

Uno de los temas que siempre está flotando en las reuniones de jefes de gobierno de la Unión Europea es el tema de las subvenciones agrarias. Es un tema tabú pues, dado que en la UE las decisiones se deben tomar por unanimidad de los países miembros, Francia, el mayor beneficiario de estas subvenciones, ha dejado en claro que negará su voto (y siendo por unanimidad, esto equivale a un veto) boicoteando cualquier iniciativa de cualquier tipo si le tocan sus subvenciones agrícolas. La campiña francesa es muy agradable y forma parte de la identidad francesa, sus pueblos, sus productos, los vinos, patés y quesos artesanales, todos productos por los que toda la UE paga, los disfrute o no.

Son muchos los países que subvencionan el campo, en muchos casos, de no hacerlo, el campo se despoblaría en beneficio de la ciudad y mucho de la cultura e historia de un país se perdería. Lo difícil es buscar la medida justa. Aún con las subvenciones, no hay suficiente gente en el campo, la cosecha suele estar en manos de inmigrantes, que generan un problema adicional, algunos no vuelven a su lugar de origen. Gastamos dinero en subvencionar cultivos antieconómicos y gastamos más dinero en evitar que los inmigrantes de países pobres vengan a recogerla. Digo yo, ¿y si subvencionáramos a los países de donde vienen esos inmigrantes para que cultiven su propia tierra?

La cosa, en realidad, no es tan simple. Por un lado está la cuestión de la despoblación del campo. ¿Y si se vaciara? Quizás volveríamos a los míticos bosques, esos que Peter Jackson tuvo que ir a buscar a Nueva Zelanda para hacer El Señor de los Anillos pues en Europa ya no quedan. Quizás el campo en lugar de estar cubierto de cultivos de bajo valor agregado, que no no cubren los gastos, u otros de clima cálido que deben guardarse en invernaderos, se cultivarían en las grandes extensiones subutilizadas en otros países que, además, en algunos casos tienen climas naturalmente cálidos. Los productos verdaderamente artesanales, de calidad, se seguirán produciendo y habrá gente que pagará gustosa por ellos, en lugar de que todo el mundo pague, consuma o no.

Las distorsiones en agricultura están por todos lados. ¿Cuántos agricultores en países pobres producen lo único que no se cultiva en los países desarrollados: droga? Cocaína americana, heroína afgana, hachís norafricano son los únicos productos escasos en los países desarrollados que los pobres agricultores pueden producir.

Ahora aparece el etanol a jugar parte de este juego. El etanol es la base de cualquier bebida alcohólica y se produce fermentando casi cualquier cosa, aunque con distinto rendimiento. Suficientemente destilado es un buen combustible. Brasil tiene décadas de experiencia en este combustible, que producen fermentando lo que sobra de la producción de azúcar de caña. Es lo que en Argentina se conoció como alconafta y que sucumbió frente al uso de gas natural.

El etanol tiene varios atractivos, uno de ellos es que no contribuye a los gases que producen el efecto invernadero. La quema de cualquier combustible produce dióxido de carbono, un gas de invernadero. El etanol también, pero a diferencia de los combustibles fósiles, las plantas del cual se obtiene el etanol, lo vuelven a absorber, con lo que el saldo total es nulo: al crecer lo que se replanta para obtener más etanol se absorbe lo antes generado. El otro beneficio del etanol es que se puede producir en cualquier lugar, evitando el costo de las importaciones o la presión geopolítica.

Destilar etanol, sin embargo, no es gratis y, según la materia prima que se use, puede ser rentable o no. La caña de azúcar es altamente rentable. Brasil, con el excedente de caña de azúcar de que dispone, mucha de la materia prima es gratis y con el clima favorable a su cultivo, puede cultivar caña expresamente para etanol y hacer un buen negocio. Los EEUU, sin embargo, con un clima mucho más frío, no son aptos para la caña de azúcar y ellos producen su etanol a partir del maíz, que no tiene tantos azúcares como la caña. Como consecuencia de esto, la producción de etanol a partir de maíz, según las estimaciones, consume más combustible del que produce o produce un pequeño excedente, un 5 a 10%. Para proteger ese mercado, los EEUU han impuesto altas tasas al etanol brasileño. En definitiva, ni ahorra, ni reduce el efecto invernadero ni reduce su dependencia de combustible extranjero.

Buena parte del África es tan apta como Brasil para la producción de caña. Europa podría abastecerse de una buena cantidad de etanol de allí. Pero África es un lugar notablemente inestable política y económicamente, lo cual hace difícil invertir allí. La lucha por las materias primas de los países pobres, actualmente el más destacado es el petróleo, nos da ejemplos de lo malo que puede ser, para ambas partes, explotar recursos en países pobres. Pero no es este un ejemplo valedero. La industria petrolera requiere altas inversiones de capital, alta tecnología y escasa mano de obra, la mayor parte altamente especializada, lo opuesto totalmente de la agricultura.

A diferencia del trabajador en un pozo petrolero o una mina de oro o diamantes que muchas veces debe migrar dejando su pueblo y su familia, el agricultor permanece en su tierra, con toda su familia. Al estar radicado y con trabajo para él y toda su familia, podrá enviar a sus hijos al colegio, dispondrá de clínicas médicas donde ser atendido, podrá ser controlado por las tantas enfermedades que asolan el África. No deberá luchar en una de las tantas facciones guerrilleras o mendigar por su alimento en los campos de refugiados. Y, a diferencia también del oro, el petróleo o los diamantes, el dinero de la agricultura necesariamente se distribuye a toda la población, pues todos participan en su producción, no a unos pocos en el poder que gestionan los grandes contratos. O que re-negocian los contratos existentes para obtener más recursos que poder distribuir y generar una dependencia de su pueblo hacia el salvador de turno.