En esta era tan ecológica, es natural que los ayuntamientos quieran sumarse a esta moda y hagan lo posible para evitar que los coches, reconocida fuente de contaminación, anden por cualquier lado. Así es como prohiben circular o estacionar en cada vez más lugares. El problema es que los coches y sus usuarios existen y no desaparecen porque se les prohiba andar por cualquier lado.

La gente, que no tiene ganas de caminar, sigue buscando lugares para estacionar lo más cercano a su destino, y si en un lugar no se puede, da vueltas y vueltas hasta encontrar un lugar que le apetezca, topándose con más y más calles cerradas y contaminando más en el proceso que de haber encontrado un lugar fácilmente.

Poner impedimentas de esta naturaleza a los coches no soluciona mucho. La gente no está dispuesta a dejar sus coches en sus casas, lo usan tanto como antes y todos los obstáculos lo único que hacen es que pierdan más tiempo y con ello contaminen más de lo que lo hacían antes y, al haber menos lugares por donde circular, entorpecen el tránsito de los demás.

Negar el automóvil, suponer que desaparecerá porque se le obstaculice su circulación, es desconocer también a sus conductores, que no están dispuestos a abandonarlo. Simplemente prevén 10 ó 15 minutos más de tiempo para buscar un lugar donde estacionar, 10 ó 15 minutos más de contaminar.