Hace unos 30 años leía en una revista sobre un estudio para construir globos aerostáticos de una milla (kilómetro y medio) de diámetro. Ya en esa época, el costo de enviar cosas al espacio parecía excesivo. Dado que el grueso de lo que enviamos allá arriba es para observar qué sucede aquí abajo, más de uno pensó que una forma de abaratarlo era evitar ir tan alto; ¿qué pasaría entonces en la alta atmósfera?

Hay dos tipos de globos aerostáticos, los de gases naturalmente ligeros (hidrógeno o helio) y los de aire caliente donde la liviandad del gas se consigue calentándolo. Teniendo el calor del sol, qué bueno sería si el aire lo pudiéramos calentar con su radiación. Claro que para eso sería necesario disponer de una superficie muy grande. El tamaño del envoltorio determina gran parte de la ecuación. La radiación solar recibida, el calor que se escapa y el peso del envoltorio mismo dependen directamente de su tamaño, el cual va en proporción del cuadrado del diámetro. El volumen de aire caliente, que es lo que le provee la flotación, aumenta con el cubo del diámetro, o sea, que si duplico el diámetro, cuadruplico el envoltorio pero la capacidad de flotar se multiplica por 8. Esto quiere decir que necesariamente tiene que llegar un punto donde el globo realmente flote.

Con los materiales de aquel entonces, se estimaba que con unos 400 metros de diámetro el globo flotaría, aunque vacío. Para poder mantener un laboratorio y las facilidades necesarias para que el personal pudiera vivir, un pequeño pueblito, estimaban que sería necesario llegar a una milla (1600 metros) de diámetro.

En estos 30 años, ningún astronauta ha volado más allá de la órbita de la Tierra y la lanzadera espacial, la alternativa supuestamente más económica para llegar al espacio ha sido el fracaso más costoso que se haya visto, que se mantiene en servicio solamente para poder completar la estación espacial internacional, otro fracaso que, por razones presupuestarias, nunca hará ciencia.

El globo, una vez construido, flotaría permanentemente por encima de las nubes, calentado por el sol, descendiendo un poco durante la noche y recuperando altura durante el día. Dado que usa aire y no helio o hidrógeno, la envoltura no necesita ser hermética, sí debe evitar que se pierda el calor, pero una rasgadura en el envoltorio no sería catastrófica, de hecho, muchas de ellas podrían pasar desapercibidas.

El envoltorio sería una doble capa de material sintético extremadamente liviano, con una capa de aire entre medio para proveer aislación térmica. En la parte inferior, dentro mismo del globo (no en una canastilla separada) se encontraría la parte habitable. Dada la altura a que operaría, a unos 20km, muy por encima de las rutas aéreas (12km) donde el aire no es suficiente para respirar normalmente y el poco que hay está muy helado, la sección habitable debe estar presurizada y calefaccionada. Tiene sentido, pues, tenerla dentro mismo del globo donde el calor que se pudiera perder por la calefacción al menos podría contribuir a calentar el aire del globo.

Un grave problema para construir semejante globo es dónde hacerlo. A nivel del mar, el globo sería muy frágil, está diseñado para operar donde la atmósfera es tan tenue que las tormentas prácticamente no existen. Es demasiado grande para pensar en construir un hangar que lo albergue. Una de las ideas es construirlo en un lago cerrado, lo suficientemente profundo, mediante barcazas que lo irían armando como mi madre tejía medias de lana, dejando que el tejido, esto es, el globo, se vaya hundiendo en el lago.

Cuando estuviera terminado, en un día en que el pronóstico augure varios días de calma, enormes turbinas de aviación lo llenarían de aire caliente lo cual lo haría salir a flote del lago y luego ascender en el aire lo más rápido que se pudiera hasta llegar a sobrepasar la altura de los obstáculos más cercanos. A partir de allí, el ascenso puede ser más lento. El globo sería acompañado por varios dirigibles cargando las turbinas de gas que lo calentarían hasta que pudiera seguir subiendo por sus medios, que no son otros que el calor del sol.

La sección habitable no estaría aún hecha, dado que semejante lastre sólo contribuiría a poner en riesgo el despegue en las horas cruciales en que debe superar la zona de tormentas y obstáculos físicos. Esta se iría armando mediante módulos transportados mediante dirigibles o helicópteros antes que el globo ascendiera mucho y el transporte de esos elementos se hiciera largo y costoso.

La vida en el pueblito sería ciertamente más cómoda que en una estación espacial. En primer lugar, hay gravedad, luego, hay espacio donde ir. Es curioso que en el ‘espacio’ no tengamos espacio pero lo cierto es que dentro de una nave espacial el lugar disponible es siempre escaso; que el espacio fuera de la nave sea infinito no sirve de mucho consuelo Pero lo fundamental es la existencia de gravedad. No se necesiten condiciones físicas especiales, no se requiere entrenamiento, no hay que superar las varias ‘g’s a que el viaje de ida y de vuelta somete a los tripulantes y facilita las cosas más triviales, la sopa se queda en el plato, la orina y las heces caen al inodoro, el agua de la ducha cae como es habitual.

Otra clasificación de los globos los encasilla en libres, dirigibles y cautivos. El mega-gobo mencionado, al igual que los aeróstatos deportivos, son libres, o sea, van donde los lleva el viento. Los grandes globos de antes de la Segunda Guerra Mundial como el Graf Zeppelin o el Hindenburg eran dirigibles, pues tenían propulsión y podían ir donde quisieran. Los cautivos están anclados a tierra con cables.

Los dirigibles cayeron en desgracia tras el incendio del Hindenburg que, contrario a lo que en principio se suponía, no ocurrió debido a la inflamabilidad del hidrógeno sino a la casi explosiva naturaleza de los materiales y barnices de su envoltorio. Tras la guerra, Alemania no estaba en condiciones de retomar la construcción de dirigibles, Inglaterra, otro pionero, no estaba mucho mejor económicamente.

La marina de los EEUU había construido un par de dirigibles antes de la guerra. Ambos usaban helio en lugar de hidrógeno y fueron los únicos dirigibles portaaviones del mundo. Cada uno de ellos llevaba 5 biplanos que podía lanzar y recuperar en vuelo. Los biplanos de la época no eran mucho más rápidos que el dirigible y podían ponerse a la par y jugar a la sortija con un gancho que tenían por encima del ala superior, tratando de ensartar un aro que colgaba del dirigible.

El primero del par, el Akron, tras un periodo de pruebas hizo un vuelo de presentación en sociedad llevando a altos oficiales de la marina. Ese vuelo fue el último, una tormenta tropical lo quebró y al caer se llevó consigo a los mismos altos oficiales que constituían su apoyo en la marina. El segundo de la serie, el Macon, se terminó de construir poco después del desastre y su base, en lo que hoy se conoce como Silicon Valley en California lleva el nombre del Almirante Moffet, que murió en el vuelo. Queda aún el hangar donde se guardaba el Macon, una enorme estructura de hierro sobre la costa de la bahía de San Francisco.

Actualmente se está volviendo lentamente a los dirigibles, pero no a los descomunalmente grandes de aquella época, demasiado frágiles e inmanejables, sino a naves menores, silenciosas y muy maniobrables con fines turísticos. Varios operadores están explorando el mercado para un turismo aéreo que quiera recorrer a un paso tranquilo zonas de gran atractivo natural. No solo los materiales han mejorado enormemente y su menor tamaño les permite cobijarse con facilidad (si es necesario, en pocas horas se pliega) sino que la red de satélites meteorológicos actual permite ver claramente el progreso de las tormentas que han sido, en gran parte, el causante de las pérdidas de los dirigibles.

Finalmente, los globos cautivos están comenzando a utilizarse nuevamente. En la Segunda Guerra estos globos sobrevolaban las ciudades y otros lugares vitales para impedir el paso de los aviones enemigos. El cable de anclaje, que normalmente es un engorro, era su mayor virtud, al impedir que los bombarderos en picado, los que podían tener mejor precisión, se acercaran a sus blancos debido a la maraña de cables que pendía de estos globos.

Varias empresas están estudiando el uso de globos cautivos como retrasmisores tanto para telefonía móvil como para Internet inalámbrica. Esto es particularmente interesante en áreas poco pobladas donde un globo a buena altura, más que cualquier torre razonable, podría abarcar una superficie bastante grande y así reunir suficientes abonados para justificar el servicio.

También se están usando globos cautivos con potentes equipos de radar para la vigilancia de fronteras. Los EEUU tiene varios dispuestos sobre la frontera sur donde los radares de tierra no son capaces de detectar avionetas con contrabando que vuelan tan bajo que no se las puede distinguir del ruido del horizonte. Estos radares en globos cautivos pueden distinguirlos con claridad y a mucha mayor distancia que los basados en tierra.

Algún día quizás se ofrezcan paseos en globo por las islas griegas, el Caribe, algún lago de montaña o una super-vista de una ciudad. ¡Yo me anotaría!